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¿Hacia dónde vamos?

Los globos de helio que sobreviven a la fiesta van a parar a un mundo para el que no han sido hechos; son tan ajenos a estos parajes que, al principio, solo llaman la atención por su brillo metálico, y solo después, al acercarse, uno los reconoce y comprueba que ya cumplieron su misión de celebrar y ahora son inservibles. Aunque atractivos.

Para llegar hasta donde se encuentran, han tenido que subir hasta 1,200 msnm y ahora se hallan por encima del techo de nubes que se cierne sobre Lima. Los globos de helio agonizan bajo un sol abrasador. Retratarlos fotográficamente en este estado podría ser un recordatorio simbólico de la caducidad de los objetos, pero en este caso la extrañeza del contexto en el que yacen desencadena una serie de preguntas sin respuestas. Nada tiene sentido en cuanto a su ubicación actual entre cactáceas y piedras, en la aridez de la región Chala, que alguna vez fue la frontera ecológica inmediata de la ciudad. En el paisaje actual hay muros que impiden el libre acceso de los habitantes a propiedades privadas.

Bajo esa luz dura, el mylar o plástico metalizado brilla más que en los ambientes urbanos, aunque ya no promete diversión ni entretenimiento; su presencia tiene algo de vestigio de origen extraterrestre en un escenario apocalíptico. La forma en que estos globos están varados y conviven con los cactus y las piedras parece indicar una tregua en la guerra de los mundos. Los objetos culturales efímeros, como los globos de helio, tienen un uso limitado: distraen del día a día de vidas estresadas. Son dispositivos banales que, a su manera, incitan al consumo. Pero fotografiados en la Chala se convierten en flores artificiales casi de una belleza agónica, en cada encuadre.

Su color brillante es completamente ajeno al nicho ecológico en el que se encuentran.
Concisas y poderosas, las imágenes señalan al destino, que eleva a las más simples existencias por encima de las nubes —así como el helio, menos denso que el aire, anima lo inanimado—, para rápidamente girar sin atenuantes.

Jorge Villacorta Chávez